domingo, febrero 27

El Carnaval en Lima

La fiesta de carnaval se remontan a 5000 años atrás, desde el tiempo de los egipcios, con celebraciones muy parecidas en el Imperio Romano. Es una fiesta asociada al catolicismo, que la extendió por todo el mundo con el paso de los años, con distintas variantes.


El Carnaval fue introducido al país desde los primeros días de la Colonia. Como todas las cosas en la vida paso por diferentes etapas y transformaciones. Cuando aun no eran conocidos los globos de agua, las personas aficionadas al juego de carnaval, acumulaban todo el año los cascarones de los huevos que se consumían en sus respectivas casas. Empleando un ingenioso sistema a base de dos huecos, se vaciaba el contenido de los huevos sin que el cascaron se rompiese. Como dijimos anteriormente, durante todo el año se guardaban estos cascarones y cuando se aproximaba el Carnaval, se llenaban, unas veces con agua clara, otras con aguas de diversos colores y otras... vaya a saber con que. Los huecos eran entonces tapados con cera. Así, los Cascarones formaban la principal artillería de los jugadores.

Años después, ya con la introducción de los globitos, de los cuales los mas famosos eran los "marinos" que se vendían llenos, a 5 por un real, los cascarones pasaron al cofre de los recuerdos. Desde luego, a los cascarones y globos que constituían la "artillería" disparada a largas distancias, se unían las "armas cortas" formadas por toda clase de baldes, tachos, ollas, jarros y cuento elemento podía contener agua para ser vertida y arrojada al "enemigo".

El juego se iniciaba, generalmente, con el ataque de globos. Luego las distancias se iban acortando y entonces se empleaba todo lo que estaba a la mano hasta terminar con el clásico grito de "a la tina", "al caño" o "a la acequia", según el "campo de batalla". Era entonces cuando los hombres trataban de bañar a las mujeres, mientras que las amigas de la victima acudían en su auxilio para a su vez tratar de meter a la tina a uno de los varones.

Una vez pasada la furia del agua se sacaba a relucir los chisguetes de antaño, que solían adquirirse en las casas Guillón, Pigmalion o Ville de Paris y que contenían verdadero perfume de Garlain, Roger & Gallet, Piver, etc. El costo de estos, para la época, era bastante elevado, pero en honor a la verdad, lo valían. A continuación entraba en juego otro elemento: los polvos perfumados, igualmente importados de Francia, a los que se agregaban lluvia de oro, papel picado, confetti y hasta el clásico "pica-pica".

Si los jóvenes atacantes caían bien a las "niñas" o al "dueño de la casa" se pactaba una tregua mientras las primeras se cambiaban de ropa y se maquillaban y peinaban. A continuación se hacían las presentaciones no sin antes exclamar: "¡Que barbaridad, por Dios, que chicas tan malcriadas, como lo han puesto a Ud. convertido en una verdadera sopa!". Y así, se iniciaban las auto presentaciones. Los jóvenes eran invitados a tomar una reconfortante taza de chocolate con pastas y a comer algunas uvas. Y la fiesta se iniciaba y seguía, muchas de estas constituyeron el inicio de un "flirt" que terminaba... ante el Altar.

Otra modalidad curiosa de los Carnavales de antaño, lo constituían los clásicos "saquitos de harina". Los vecinos preparaban de antemano unos saquitos a los que hacían algunos huecos al fondo. Luego los llenaban de harina y los ataban fuertemente a una cuerda. Todo lo demás consistía en esconderse en algún balcón y esperar que pasara un transeúnte. No bien el pobre pasaba por debajo del balcón, se le arrojaba el saquito que al hacer contacto con el cuerpo del "inocente" soltaba o mejor dicho descargaba una gran cantidad de harina. No pocos maldecían la hora que se les había ocurrido pasar por debajo de tal balcón.

Los Bailes de Mascaras

Estas constituían también parte de estas antiguas fiestas y eran cuidadosamente preparadas desde muchos meses atrás. Se organizaban "cuadrillas" constituidas por 20 a mas parejas. El que hacia de "Jefe" o "Director" y que era generalmente el de mayor edad solía seleccionar a su grupo y comprometía a las familias amigas para que recibieran a su Cuadrilla, responsabilizándose desde luego, por sus componentes. Los integrantes, desde mucho tiempo atrás ensayaban la cuadrilla que bailarían al hacer su ingreso a las casas donde eran recibidas, y donde sacaban a bailar a alguna de las niñas o niños de la casa, en las cuales previamente se habían retirado todos los muebles pegándolos a las paredes.

Dos clases de recepciones se efectuaban: una llamada de "prima" entre las 9 y 11.30 de la noche y otra de "nona" entre las 11.45 y la madrugada. El jefe manejaba su Cuadrilla mediante un silbato y todos los mascaritas por su parte usaban pitos. estos, unidos al ruido de los cascabeles, anunciaban en las calles la proximidad de una Cuadrilla, lo que daba lugar a que todos los vecinos saliesen a sus balcones o ventanas para expectar su paso. El Payaso, que nunca faltaba integrando una Cuadrilla era el encargado de ahuyentar a los palomillas mediante el empleo de vejigas de toro atadas aun palo y las que hacia sonar, unas veces contra el pavimento y otras contra el cuerpo mismo de los palomillas. Estos incidentes eran muy festejados por los demás chicos.

Hubieran muchas Cuadrillas que eran precedidas por verdaderas estudiantinas, al estilo de las famosas "Tunas" españolas, cuadrillas que desde luego eran las mas apreciadas y disputadas ya que no se limitaban a visitar una o mas casas sino que al mismo tiempo les llevaban música y alegría.

El Carnaval de Lima

Y así fue pasando el carnaval, pero degenerando cada día mas y mas, hasta que llego su época de oro, pero transformado, debido al entusiasmo del entonces Presidente Leguia. Este Presidente fue muy amigo del Carnaval, le inculco brío, señorío, esplendor y colorido. El juego bárbaro se convirtió en grandes Corsos con elección de Reinas de Belleza, Concursos de Disfraces, etc. El pueblo, que encontró sano y relativamente barato este esparcimiento, se olvido del baldaso y de la pintura y desde tempranas horas se lanzaba por calles y plazas para contemplar y aplaudir a las Reinas y los Carros alegóricos y bailes de grupos representando cada barrio de la ciudad.





El Presidente Leguia, personalmente, en la Calesa de Palacio y en forma completamente descubierta, iniciaba el juego recorriendo el Jirón de la Unión, precedido y seguido por el Escuadrón Escolta, saludando y tirando serpentinas a diestra y siniestra. Así, con su cortejo, llegaba al Paseo Colón, daba la vuelta por la Plaza Bolognesi y tomando la otra pista del Paseo, llegaba y bajaba a la Tribuna Oficial instalada delante del hoy Museo de Arte, en donde en compañía del alcalde de Lima, sus ministros, de las esposas de estos, Cuerpo Diplomático y amigos personales, esperaba la llegada del Corso para dar la bienvenida a la Reina e iniciar con ella el juego que luego se generalizaba y adquiría proporciones apoteósicas.

Pero cayo Leguia, murió Leguia y con el también el Carnaval, que ya estaba adquiriendo fama mundial. Los corsos se comercializaron y huachafearon y por ultimo desaparecieron del todo. Para 1958 se publicaron cifras pavorosas: 22 muertos y 2,200 heridos en tres días. Esto no podía continuar y en 1959 se decretó la suspensión de los clásicos tres días: Domingo, Lunes y Martes, reduciéndolo a solo uno: Domingo y prohibiendo en lo absoluto el juego con agua, conservándose solo la costumbre del baile de mascaras, que poco a poco se alejo de la población, para mantenerse en clubes y lugares "de sociedad".




Ño Carnavalon

El Miércoles de Ceniza, se celebraba principalmente en La Punta. A este lugar acudía "todo Lima" para contemplar el entierro de Ño Carnavalon. Este muñeco era paseado por todas las calles del simpático Balneario chalaco y luego embarcado en una lancha, por Cantolao, para ser quemado. En la noche en la plaza había retreta, fuegos artificiales y las clásicas vivanderas que hacían su agosto. Así, con el entierro de Ño Carnavalon se daba termino cada año, a una semana consecutiva de fiestas, diversión, jolgorio y comilona.


Fuentes:
Wikipedia, Carnaval
Ernesto Ascher, Historia del Pasado y Observaciones del Presente, 1957
Fotos: Web de la Municipalidad de Lima